El polen (del latín pollen, que significa “polvillo muy fino”) es el nombre de los granos, más o menos microscópicos, que producen las plantas con semilla, cada uno de los cuales contiene el microgametófito (masculino). El polen se producen en las flores y es transportado por el viento o por insectos, con el fin de polinizar la planta de destino y producir la germinación. Su dispersión depende de una serie de factores ambientales, incluidas las condiciones meteorológicas locales.
Desde el punto de vista ecológico, la producción de polen es esencial para la reproducción natural y la generación de semillas y alimentos. Sin embargo, numerosas especies vegetales producen polen alergénico, considerado uno de los aeroalérgenos naturales más potentes. Este puede desencadenar alergias nasales (rinitis), afecciones cutáneas (eccema), conjuntivitis y crisis asmáticas en personas susceptibles.
El polen es actualmente una de las principales causas de alergias respiratorias a nivel mundial. Se estima que entre un 5 % y más del 50 % de la población europea presenta sensibilidad al polen de una o más especies vegetales, lo que lo convierte en un problema relevante de salud ambiental.
Necesidad de control del polen alergénico
La producción y liberación de polen están condicionadas por variables como la duración del día, temperatura, precipitaciones, disponibilidad hídrica y régimen de vientos. Aún no existe total claridad sobre cómo el cambio climático afectará estos procesos, pero diversas investigaciones sugieren una aparición más temprana de los síntomas alérgicos y una prolongación de la temporada de exposición.
Muchas especies arbóreas presentan picos de liberación de polen durante la tarde, con niveles más bajos durante la noche. Sin embargo, aún se investiga cómo el entorno urbano puede modificar los patrones horarios de emisión de polen.
En este contexto, limitar la plantación de especies con alto potencial alergénico en zonas de alta exposición peatonal constituye una medida preventiva relevante desde la planificación urbana.
Polen y contaminación: Mala combinación
Existe una clara sinergia entre la contaminación atmosférica y los efectos del polen sobre la salud. Está demostrado que las personas que viven en zonas urbanas presentan mayores tasas de asma y rinitis alérgica que aquellas de áreas rurales. Las calles con alto tráfico vehicular concentran, además, mayores tasas de patologías respiratorias inducidas por polen.
La exposición previa a contaminantes como ozono (O₃), dióxido de nitrógeno (NO₂), dióxido de azufre (SO₂) y material particulado (MP2.5 y MP10) puede intensificar los síntomas alérgicos y reducir el umbral de polen necesario para desencadenar reacciones en personas sensibles. Por ello, las áreas urbanas de alta coexposición de tráfico y vegetación alergénica representan un foco crítico desde el punto de vista sanitario.
Pese a la evidencia disponible, aún no es posible generalizar sobre los efectos del enverdecimiento urbano en la producción de polen y en las alergias, debido a la alta complejidad de factores involucrados: calidad del aire, especie vegetal, temperatura, humedad, viento, tiempo de liberación y deposición del polen, entre otros. Cada caso requiere evaluación local específica.
Algunas de las especies más alergénicas
Algunas especies presentan una capacidad particularmente alta para generar polen alergénico. En Europa, el mayor aporte corresponde a Betula (abedul), mientras que en regiones mediterráneas destacan Olea europaea (olivo) y Cupressus (ciprés). A pesar de su alto potencial alergénico, el abedul es ampliamente utilizado en plantaciones ornamentales urbanas. En Zúrich, por ejemplo, más del 50 % de la población presenta sensibilidad a su polen.
En Córdoba (España), el polen de Cupressaceae representa cerca del 30 % del total registrado en invierno, siendo la principal causa de rinitis alérgica en ese período. Asimismo, Cryptomeria japonica (cedro japonés) ha demostrado efectos alérgicos severos en poblaciones de Asia y América del Norte.
En algunos casos, se produce un conflicto técnico entre especies eficientes para captura de contaminantes atmosféricos y su potencial alergénico. Un ejemplo clásico es el plátano de sombra (Platanus × acerifolia), altamente efectivo en la retención de material particulado, pero también una fuente relevante de polen alergénico urbano.

