La contaminación del aire urbano: ¿La otra pandemia?

Foto: Kristen Morith

Contar con un aire limpio es hoy un desafío primordial para vivir con mejor salud y aspirar a construir mejores ciudades. A nivel gubernamental, los países están adoptando cada vez más medidas para garantizar que sus compatriotas puedan vivir y desarrollarse en ambientes libres de contaminación, aunque la realidad en la mayoría de nuestras ciudades parece decir otra cosa, ya que en la actualidad mueren al año más de 7 millones de personas en el mundo a causa de la mala calidad del aire urbano.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, más del 10% de las muertes en el mundo son a causa de la mala calidad del aire (OMS, 2016), producto de la exposición a contaminantes atmosféricos y más precisamente a las elevadas concentraciones de Material Particulado (MP) presente en las ciudades.

Es así como los ciudadanos del mundo nos encontramos gravemente expuestos a enfermedades producto de estos contaminantes aéreos, y pese a que éstos generan doce veces más muertes que las causadas a la fecha por el Coronavirus, la contaminación del aire no se ajustaría a la definición de “Pandemia” al no ser una enfermedad en sí, aunque es causante comprobado de varias afecciones de salud que han venido en aumento.

En efecto, más de un tercio de las muertes por cardiopatías isquémicas y accidentes cerebrovasculares son a consecuencia de la inhalación de contaminantes atmosféricos en zonas urbanas. A estas enfermedades le siguen las neumopatías obstructivas crónicas, las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en los niños y el cáncer de pulmón. Los niños menores de 5 años son los más afectados, al igual que la población adulta y los más vulnerables.

El Material Particulado

Tal como señalamos en la introducción de este artículo, gran parte de las enfermedades son a consecuencia del Material Particulado (MP) originado por las emisiones de la quema de combustibles fósiles, tanto en las centrales de generación de energía a carbón, en los procesos industriales, en el uso de vehículos a bencina, o en el uso de leña para calefacción domiciliaria, entre otros.

El material particulado es clasificado en dos tipos: el MP10 (partículas con un diámetro de 10 micrones o menos), que al ser respirado puede penetrar en los pulmones y atacar las células de defensa del organismo. Mientras que el material particulado ultrafino MP2,5 puede llegar directamente al torrente sanguíneo, provocando impactos significativos en la salud humana.

La OMS ha establecido recomendaciones de umbrales para estos contaminantes, 20 µg/m3 (microgramos por metro cúbico de aire) para el MP10 y de 10 µg/m3 para el MP2,5 . No obstante, son pocos los países que han establecido niveles más bajos en sus normas de calidad del aire. En tanto, en materia de medición, existe una notable inequidad entre las ciudades de altos y bajos ingresos: en las primeras, el 80% cumple con las directrices internacionales, mientras que en las ciudades más pobres el cumplimiento es de apenas un 10%.

Los nuevos estudios

Hasta el momento, la literatura científica ha sido consistente en demostrar la relación existente entre la exposición prolongada a contaminantes urbanos atmosféricos y los efectos adversos en la salud de las personas y el número de muertes (Burnett, et al, 2014), asociados a los sistemas respiratorios y cardiovasculares. Pero una reciente investigación internacional publicada en el año 2019 en la revista The New England Journal of Medicine, confirma que esta relación existe incluso ante pequeñas exposiciones.

El estudio, realizado con datos de 652 ciudades de 24 países del mundo recopilados entre 1986 y 2015, se trata de la evaluación más grande realizada a la fecha sobre los efectos de la contaminación del aire en la salud humana, y ha podido constatar –utilizando métodos estadísticos avanzados para investigar estas asociaciones- que un aumento de 10 μg/m3 en el promedio móvil de 2 días de la concentración de Material Particulado se asoció con un claro aumento de la mortalidad:

Para el caso del MP10, contaminante capaz de penetrar hasta los pulmones, se comprobó un aumento del 0,44% (Intervalo de Confianza del 95%. 0.39 a 0.50) en la mortalidad diaria por todas las causas, 0.36% (IC 95%, 0.30 a 0.43) en la mortalidad cardiovascular diaria y 0.47% (IC 95%, 0.35 a 0.58) en la mortalidad respiratoria diaria. Mientras que para el contaminante ultrafino MP2,5 -que luego de inhalado puede llegar hasta el torrente sanguíneo- el incremento de muertes diarias fue mayor: 0.68% (IC 95%, 0.59 a 0.77), 0.55% (IC 95%, 0.45 a 0.66) y 0.74% (IC 95%, 0.53 a 0.95).

Si bien estos aumentos de la mortalidad pueden parecer bajos, se trata de porcentajes de muertes diarias, que representan alzas importantes en el número de fallecimientos ante las recurrentes exposiciones prolongadas a las que nos exponemos al vivir en ciudades, de manera que los resultados de este reciente estudio debe obligar no sólo a reformular las actuales normas de calidad del aire vigentes en cada uno de nuestros países, sino a tomar medidas más concretas en términos de reducir las emisiones y recurrir a las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) para mitigar sus efectos en la población urbana.

La actual crisis sanitaria del Coronavirus ha dado tregua, por el momento, a los altos niveles de contaminación del aire en nuestras ciudades, pero se estima que no por mucho. Por ello, si no tomamos conciencia sobre la importancia contribuir a disminuir nuestra huella de emisiones, probablemente el uso de mascarillas o tapabocas termine siendo un nuevo hábito para hacer frente a este otro mal.

Escrito por:

  • Leonardo Lira Astudillo.

Fuentes:

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