Una siembra bien ejecutada es fundamental para obtener un césped parejo, con alta capacidad de regeneración y buena tolerancia al pisoteo, y para ello la elección de la semilla es un aspecto clave. Dependiendo de las condiciones climáticas en donde uno se encuentre, se debe escoger la mezcla de semillas. Deben ser certificadas, en la que se garantice pureza y buen porcentaje de germinación. Esto asegura un prado de color verde intenso,
La siembra puede realizarse al voleo o con sembradora, siempre buscando una distribución uniforme que permita un crecimiento parejo. Tras esparcir la semilla, se debe aplica una cobertura muy fina de compost o tierra tamizada, lo suficiente para protegerla sin enterrarla en exceso. Una semilla demasiado profunda no logra emerger, afectando la uniformidad del futuro césped.
Una vez sembrado, se deben realizar una serie de acciones en el terreno que permitan asegurar buen contacto entre semilla y suelo, procurando no compactar en exceso ni dañar la estructura del suelo.
Finalmente, esta partida debe ir acompañada de riego suave y frecuente, para que el césped comience a establecerse.

