Una correcta preparación del terreno es, probablemente, la etapa más determinante para lograr un césped sano, resistente y de buen aspecto a largo plazo. Por ello, es clave que las especificaciones técnicas del proyecto establezcan estándares explícitos relacionados a esta partida, con el objetivo de garantizar un suelo fértil y aireado.
Antes de sembrar, es necesario acondicionar el suelo para que pueda retener agua, nutrir el sistema radicular y ofrecer una superficie pareja y estable. Para ello, el proceso parte con la mejora del suelo, asegurando que esté correctamente aireado, libre de terrones y nivelado.
Sobre esta base de suelo mejorado, se deben incorporan enmiendas y aditivos que ayudan a mejorar la capacidad de retención hídrica y la estructura del sustrato, elementos clave para favorecer la germinación y reducir el estrés durante las primeras semanas. Entre ellos, el uso de fertilizante debe ser el adecuado en cuanto a su formulación N-P-K (nitrógeno, fósforo y potacio), de tal modo de estimular el desarrollo radicular inicial y el crecimiento aéreo exagerado.
Finalmente, la preparación del terreno termina con una nivelación fina, quedando en condiciones para proceder a la etapa de siembra.

