Es hora de tratar la crisis climática y natural como una emergencia sanitaria mundial indivisible

Ciudades Verdes 20 enero, 2024 0 comentarios

Más de 200 revistas de salud hacen un llamado a las Naciones Unidas, a los líderes políticos y a los profesionales de la salud a que reconozcan que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son una crisis indivisible y deben abordarse conjuntamente para preservar la salud y evitar una catástrofe. Esta crisis medioambiental global es ahora tan grave que constituye una emergencia sanitaria mundial.

En la actualidad, el mundo está respondiendo a la crisis climática y a la crisis de la naturaleza como si fueran retos separados. Se trata de un error peligroso. La 28ª Conferencia de las Partes (COP) sobre cambio climático está a punto de celebrarse en Dubai, mientras que la 16ª COP sobre biodiversidad se celebrará en Turquía en 2024. Desgraciadamente, las comunidades de investigadores que aportan las pruebas para las dos COP están muy separadas, pero se reunieron en un taller en 2020 en el que llegaron a la conclusión de que «solo si se consideran el clima y la biodiversidad como partes del mismo problema complejo… podrán desarrollarse soluciones que eviten la mala adaptación y maximicen los resultados beneficiosos» [1]

Como ha reconocido el mundo de la salud con el desarrollo del concepto de salud planetaria, el mundo natural está formado por un sistema global interdependiente. El daño a un subsistema puede crear retroalimentación que dañe a otro. Por ejemplo, la sequía, los incendios forestales, las inundaciones y otros efectos del aumento de la temperatura global destruyen la vida vegetal y conducen a la erosión del suelo y, por tanto, inhiben el almacenamiento de carbono, lo que se traduce en un mayor calentamiento global [2]. Se espera que el cambio climático supere a la deforestación y otros cambios en el uso de la tierra como el principal factor de pérdida de naturaleza [3].

La naturaleza tiene un notable poder restaurador. Por ejemplo, las tierras deforestadas puede volver a convertirse en bosque mediante la regeneración natural, y el fitoplancton marino, que actúa como almacén natural de carbono, transforma 1.000 millones de toneladas de biomasa fotosintetizadora cada 8 días [4]. La gestión indígena de la tierra y el mar tienen un papel especialmente importante en la regeneración y el cuidado continuo [5].

Restaurar un subsistema puede ayudar a otro; por ejemplo, reponer el suelo podría ayudar a eliminar los gases de efecto invernadero de la atmósfera a gran escala [6]. Pero las acciones que pueden beneficiar a un subsistema pueden perjudicar a otro; por ejemplo, plantar bosques con un tipo de árbol puede eliminar el dióxido de carbono del aire, pero puede dañar la biodiversidad, que es fundamental para la salud de los ecosistemas [7].

Los efectos sobre la salud

La salud humana se ve perjudicada directamente tanto por la crisis climática, como han descrito las revistas en editoriales anteriores [8,9] como por la crisis de la naturaleza [10]. Esta crisis planetaria indivisible tendrá importantes efectos sobre la salud como consecuencia de la alteración de los sistemas sociales y económicos: escasez de tierra, vivienda, alimentos y agua, agravamiento de la pobreza, lo que a su vez provocará migraciones masivas y conflictos. El aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos, la contaminación atmosférica y la propagación de enfermedades infecciosas son algunas de las principales amenazas para la salud exacerbadas por el cambio climático [11]. «Sin naturaleza, no tenemos nada», fue el contundente resumen del Secretario General de la ONU, António Guterres, en la COP sobre biodiversidad celebrada en Montreal el año pasado [12]. Incluso si pudiéramos mantener el calentamiento global por debajo de un aumento de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, aún podríamos causar daños catastróficos a la salud destruyendo la naturaleza.

El acceso a agua limpia es fundamental para la salud humana y, sin embargo, la contaminación ha dañado la calidad del agua, provocando un aumento de las enfermedades transmitidas por el agua [13]. La contaminación del agua en la tierra también puede tener efectos de largo alcance en ecosistemas distantes cuando esa agua se escurre hacia el océano [14]. La buena nutrición se sustenta en la diversidad de alimentos, pero se ha producido una sorprendente pérdida de diversidad genética en el sistema alimentario. En todo el mundo, alrededor de una quinta parte de la población depende de las especies silvestres para su alimentación y su sustento [15]. El declive de la fauna silvestre es un reto importante para estas poblaciones, sobre todo en los países de ingresos bajos y medios. El pescado proporciona más de la mitad de las proteínas alimentarias en muchos países africanos, del sur de Asia y pequeñas islas, pero la acidificación de los océanos ha reducido la calidad y la cantidad de los productos del mar [16].

Los cambios en el uso de la tierra han obligado a decenas de miles de especies a entrar en contacto más estrecho, aumentando el intercambio de patógenos y la aparición de nuevas enfermedades y pandemias [17]. La pérdida de contacto de las personas con el entorno natural y la pérdida cada vez mayor de biodiversidad se han relacionado con el aumento de enfermedades no transmisibles, autoinmunes e inflamatorias y con trastornos metabólicos, alérgicos y neuropsiquiátricos [10,18]. Para los pueblos indígenas, cuidar de la naturaleza y conectar con ella es especialmente importante para su salud [19]. La naturaleza también ha sido una importante fuente de medicinas, por lo que la reducción de la diversidad también limita el descubrimiento de nuevos medicamentos.

Las comunidades son más saludables si tienen acceso a áreas verdes de alta calidad que ayuden a filtrar la contaminación atmosférica, que reduzcan la temperatura del aire y del suelo y ofrezcan oportunidades para la actividad física [20]. La conexión con la naturaleza reduce el estrés, la soledad y la depresión, al tiempo que fomenta la interacción social [21]. Estos beneficios se ven amenazados por el continuo aumento de la urbanización [22].

Por último, los efectos del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad sobre la salud se dejarán sentir de forma desigual entre los países y dentro de ellos, y las comunidades más vulnerables son las que suelen soportar la mayor carga [10]. En relación con esto, se podría decir que la desigualdad también está alimentando esta crisis ambiental. Los desafíos medioambientales y las desigualdades sociales y de salud son retos que comparten factores impulsores y su solución puede reportar beneficios conjuntos [10].

Una emergencia sanitaria mundial

En diciembre de 2022, la COP sobre biodiversidad acordó la conservación y gestión efectivas de al menos el 30% de la tierra, las zonas costeras y los océanos del mundo para 2030 [23]. Los países industrializados acordaron movilizar 30.000 millones de dólares anuales para ayudar a las naciones en desarrollo a conseguirlo [23]. Estos acuerdos se hacen eco de las promesas realizadas en las COP sobre el clima.

Sin embargo, muchos de estos compromisos no se han cumplido. Esto ha permitido llevar a los ecosistemas aún más al borde del abismo, aumentando enormemente el riesgo de llegar a «puntos de inflexión», es decir, rupturas abruptas en el funcionamiento de la naturaleza [2,24]. Si estos eventos ocurrieran, los impactos sobre la salud serían globalmente catastróficos.

Este riesgo, combinado con los graves impactos sobre la salud que ya se están produciendo, significa que la Organización Mundial de la Salud debería declarar la crisis indivisible del clima y la naturaleza como una emergencia sanitaria mundial. Las tres condiciones previas para que la OMS declare una situación como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional [25] son que: (1) sea grave, repentina, inusual o inesperada; (2) tenga implicaciones para la salud pública más allá de la frontera nacional del Estado afectado; y (3) pueda requerir una acción internacional inmediata. El cambio climático parece cumplir todas esas condiciones. Aunque la aceleración del cambio climático y la pérdida de biodiversidad no son repentinos ni inesperados, son ciertamente graves e inusuales. De ahí que pidamos a la OMS que haga esta declaración antes o durante la 77ª Asamblea Mundial de la Salud, que se celebrará en mayo de 2024.

Para hacer frente a esta emergencia es necesario armonizar los procesos de la COP. Como primer paso, las respectivas convenciones deben impulsar una mejor integración de los planes climáticos nacionales con los equivalentes de biodiversidad [3]. Como concluyó el taller de 2020 que reunió a científicos del clima y de la naturaleza, «los puntos de influencia críticos incluyen explorar visiones alternativas de la buena calidad de vida, repensar el consumo y los residuos, cambiar los valores relacionados con la relación entre el ser humano y la naturaleza, reducir las desigualdades y promover la educación y el aprendizaje» [1]. Todo ello beneficiaría a la salud.

Los profesionales de la salud deben ser poderosos defensores tanto de la restauración de la biodiversidad como de la lucha contra el cambio climático por el bien de la salud. Los líderes políticos deben reconocer tanto las graves amenazas que la crisis planetaria supone para la salud, como los beneficios que pueden derivarse para la salud de hacer frente a la crisis [26]. Pero primero, debemos reconocer esta crisis como lo que es: una emergencia sanitaria mundial.

Escrito por:

  • Kamran AbbasiParveen AliVirginia BarbourThomas BenfieldKirsten Bibbins-DomingoStephen HancocksRichard HortonLaurie Laybourn-LangtonRobert MashPeush SahniWadeia Mohammad ShariefPaul Yonga; y Chris Zielinski

Publicación:

Título Original:

  • «Time to Treat the Climate and Nature Crisis as One Indivisible Global Health Emergency»

Fuentes:

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