En el ámbito del desarrollo urbano, lo verde suele incorporarse principalmente a través de grandes infraestructuras como reservas naturales, parques o corredores ecológicos. Sin embargo, la nueva evidencia ha demostrado que el arbolado urbano puede aportar muchos más beneficios de los que se creía hace pocos años.
Un ejemplo de ello es el aprovechamiento del flujo del tallo (stemflow en inglés), es decir, el agua de lluvia que es interceptada por la copa de un árbol y luego conducida por hojas y ramas hasta deslizarse por el tronco. Este fenómeno, propio en todos los árboles, podría ser una pieza clave dentro de los sistemas de drenaje sostenible y gestión hídrica en las ciudades del futuro.
Un reciente estudio publicado en Urban Forestry and Urban Greening, analizó el potencial de aprovechar el flujo del tallo a las denominadas infraestructuras azul-verde, orientadas a la gestión sostenible de aguas pluviales. La idea es simple: capturar el flujo de agua concentrado que baja por el tronco y conducirlo a través de dispositivos de bajo costo hacia sistemas de infiltración, riego o almacenamiento.
Soluciones simples para problemas complejos
Contrario a lo que podría pensarse, el aprovechamiento de esta agua no requiere intervenciones invasivas ni costosas. Bien diseñadas, se trataría de una técnica de bajo impacto y alta adaptabilidad, sin comprometer la salud de los árboles.
El estudio, liderado por la especialista estadounidense Jalayna Antoine, evaluó ciudades como Philadelphia, Cleveland, Tampa y Phoenix, encontrando que las superficies óptimas de copas de árboles para la captación oscilan entre el 8,40 % y el 16,63 %. Aunque estos valores podrían parecer bajos, su aporte acumulado a la gestión de aguas pluviales sería significativo, especialmente en zonas o barrios que suelen inundarse de forma recurrente.
En efecto, incluso con una modesta fracción de cobertura arbórea del 10 %, el volumen potencial de captación de agua podría alcanzar los 100.000 m anuales, cuyo aprovechamiento podría generar importantes beneficios.
Agua enriquecida para el beneficio público
Uno de los aspectos más destacados del flujo del tallo es que no se trata de agua “neutral”. Durante su recorrido por las hojas y la corteza, el agua arrastra nutrientes como nitrógeno y potasio, enriqueciendo su composición. Esto lo convierte en un recurso valioso para la nutrición del suelo de los propios árboles o del riego de áreas verdes o huertos urbanos cercanos, siempre y cuando se realicen análisis previos de calidad para descartar la presencia de contaminantes, en especial en entornos urbanos o industriales con altas tasas de contaminación.
Respecto a esto último, el análisis de la calidad del agua resulta un factor clave, ya que ciertas especies de árboles liberan compuestos químicos alelopáticos que pueden inhibir el crecimiento de otras plantas, de manera que el uso directo de esta agua sin tratamiento podría tener efectos no deseados.
Más allá de las consideraciones técnicas, el aprovechamiento de esta agua en ciudades abre nuevas posibilidades para una gestión hídrica más sostenible, y especialmente en el actual contexto de cambio climático en donde las lluvias intensas son cada vez más frecuentes y la necesidad de evitar inundaciones resulta más urgente.
Una función oculta con impacto urbano
Esta innovación tiene el potencial de integrarse no solo en espacios públicos, sino también en jardines privados, centros educativos o espacios comunitarios, donde cada árbol pueda aportar agua a un jardín cercano, evitar que el sistema tradicional de evacuación de aguas lluvias colapse, o hacer que parques completos funcionen como recolectores naturales que alimentan humedales artificiales o reservorios subterráneos.
En ciudades, el valor del flujo del tallo no estaría únicamente en el volumen de agua recuperado, sino en el mensaje que transmite: el árbol no es solo un elemento paisajístico, sino un actor activo en la infraestructura urbana. Adoptar esta perspectiva implica un cambio en la manera en que concebimos el arbolado urbano, pues ya no basta con plantar y mantener; es necesario diseñar pensando en funciones múltiples que actúen de forma sinérgica con otros componentes de la ciudad.
El flujo del tallo es una de esas funciones ocultas que, una vez reconocida y aprovechada, abre nuevas posibilidades para una gestión hídrica más eficiente, sostenible y creativa. Integrarlo en los planes de manejo de áreas verdes e infraestructura verde no solo es viable, sino que puede convertirse en una herramienta estratégica para construir ciudades más resilientes frente a los desafíos del agua.
Quizás, la próxima vez que llueva y veamos las gotas deslizarse por el tronco de un árbol, podamos dimensionar no solo la belleza que estos seres vivos nos entregan, sino además el potencial de mejorar la gestión hídrica de nuestras ciudades actuales.
Autor:
- Leonardo Lira Astudillo
Fuente:
Imágenes:
- Portada: Jonathan Klok
- Esquema: Antoine et al., 2025


